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martes, 22 de noviembre de 2016

Los fanatismos sociales.

Un artículo de "El País" sobre como educar a los niños, absolutamente esperpéntico, perpetrado por Olga Carmona me ha llevado a escribir sobre los fanatismos en "lo social", una plaga que nos invade amparado por la estupidez de las redes sociales.


Os dejo el link.


Para muestra de lo que es el artículo un solo concepto: etiqueta de maltrato infantil normas de "castigo" como podría ser el rincón de pensar. Sí, maltrato infantil. Ni más ni menos. !Ole tú!

Querida Olga Carmona, lo confieso: soy un maltratador. He castigado en múltiples ocasiones a mis dos hijos con el rincón de pensar o cosas incluso peores. Mi hijo estuvo tres meses sin play station, por poner un ejemplo, sin mediar asesinato alguno. 

Soy un malvado: deberían encerrarme en la mazmorra más oscura del torreón más alto y lanzar la llave a un lago repleto de cocodrilos con rabia cococodrílica. 

Todos mis amigos son unos puñeteros maltratadores, mala gente que hace cosas horribles a sus hijos,  como dejarlos todo un trimestre sin móvil por sacar malas notas. Eso sí, con toda su buena voluntad. Así no hay propósito de enmienda posible. Estoy rodeado de maldad. 

La paranoia de esta psicóloga parte de un concepto correcto: hay que educar a los niños con estímulos positivos y no con estímulos negativos (castigos).

Totalmente de acuerdo: intento, como casi todos los padres, incitar a mis retoños a que vean que si hacen las cosas de la forma adecuada tienen recompensas en vez de amenazarlos con castigos si les salen mal. Dos caras de la misma moneda. Repito: intento. 

Hablo con ellos, razono las decisiones que tomo y actúo en consecuencia. Se ha acabado el "no sales por qué no", el "esto se hace así porque lo digo yo" y el "si no te portas bien te llevas una hostia" que nos parece de tele en blanco y negro. Pero si razonas y no "lo pillan" queda el concepto de autoridad: aquí mandan los padres.

Ok, pero el problema es llevar el "no castigo" al absurdo que es lo que hace esta mujer. ¿Cuando un niño de 3 años tiene un berrinche en el suelo hay que razonar con él? ¿Quiere que nos sentemos en el suelo del súper mientras el patalea a explicarle que su actitud no es admisible y que debería reconsiderar su postura?


¿Cuándo le dices a un adolescente que a la 1 en casa y llega a las 3 perjudicado hay que sentarlo al día siguiente y calentarle la cabeza con escalas de valores, la importancia de la confianza, los efecto deletéreos del alcohol  y esperar que eso le importe un pito?

No señora, no: además del rollo positivista tiene que saber que portarse mal lleva consecuencias negativas para él. Pávlov en estado puro. Así es la vida real porque esto no es "El Principito" o "Alicia en el País de las Maravillas".


Pero no solo en la educación infantil es en la que hay esa corriente bienintencionada pero absolutamente idiota de que los niños se van a traumatizar por todo. 

La lactancia materna: Ok, hay que promocionarla pero no llevarlo a los niveles de guerra psicológica de las "ligas pro-lactancia" materna en la que se cataloga de malas madres a las que no dan el pecho hasta la primera comunión a sus retoños.

Si a eso añadimos que los beneficios de la lactancia materna no son tan espectaculares como parecía no está justificado ningún tipo de fundamentalismo en esta cuestión.

En todas estos dogmas falta lo que se llama evidencia científica. Para asegurar que una opción (lactancia, no castigos) es superior a otra de forma categórica hay que tener estudios que no existen. En la lactancia materna hay tal cantidad de sesgos y factores de confusión en los estudios que lo analizan que cuesta decir nada subido a un púlpito estilo "yo tengo la verdad absoluta".

Esta es una constante de los fanáticos sociales, el afirmar categóricamente sin tener ninguna evidencia, ningún dato, ni un puñetero estudio (o pocos) que los soporten. 


En el campo de la pedagogía es especialmente alarmante: cualquier psicóloga de tres al cuarto sale diciendo que el colecho es maravilloso para los niños o que no cogerlos cuando lloran los traumatiza toda su vida. ¿Si? ¿Me podría poner las referencias bibliográficas? ¿Se han cogido dos grupos de adolescentes, pongamos 20.000 por grupo, se ha mirado si colechaban con sus padres y se ha eliminado todos los factores de confusión para que fuera la única variable a estudio y sacar conclusiones? La respuesta es no. Evidentemente no.

A mi el colecho me parece una barbaridad no porque crea que los niños va a salir raritos de mayores, se vayan a convertir en gays o asesinos o cualquier chorrada por el estilo.

El colecho lleva asociados dos efectos secundarios: el primero es el final de la vida sexual de la pareja y de su intimidad. Que el niño acabe durmiendo en la cama con la madre y el padre se vaya al sofá es el inicio de la dictadura del pequeñín. El segundo es que 3 (o más) en una cama de 1.60 conlleva dolores de espalda, sueño y mala calidad de vida de los padres porque un niño de 2 años es un karateka cuando duerme.

Pareja a punto de tener sexo. 
Pero ahí tenemos a las fanáticas del colecho, del no castigo o de coger a los niños en brazos a todas horas no sea que queden traumatizados si lloran 10 minutos. Solo porque ellas creen que es mejor

Y todo parte de premisas hermosas: amar a los niños, que no lloren, que duerman con sus padres. Pero pierden su sentido cuando son una nueva religión que intenta defender con virulencia, despreciando la otra postura, opiniones que no son ciencia, que son, simplemente, su visión del mundo. 

Pero no solo de pedagogía viven los fanatismos sociales. Vamos con otro que gana adeptos

Los animalistas. En un país en el que existen los "toros embolados" o la "corridas de toros" se atreven a poner en tela de juicio absolutamente todo lo que tenga que ver con un animal: la Unidad Montada de la Guardia Urbana, las hípicas o los carruajes de caballos para guiris son maltrato animal. Clarísimo. Si embargo que los carruajes (en forma de bici) los propulse un humano no es maltrato: es un trabajo. 
Caballo siendo torturado 

Humano trabajando 
Llegamos a la paradoja que los animales no deben trabajar por su comida y los humanos sí. Curioso. 

Hace unos días una señora llegó a urgencias de mi hospital porque la había atropellado un coche: un buen traumatismo craneal que quedó en un buen chichón y unos días con la cabeza dolorida. Estaba muy nerviosa y asustada porque... !casi atropellan al perro! A ella no se la han cargado de milagro, pero estaba llorando por lo que le pudo haber pasado (que no le pasó, esa es la gracia del pretérito) a un animal que debía estar lamiéndose las patitas tan tranquilo en su casa.

Cuando dije que alucinaba con la gente una animalista muy maja que estaba a mi vera me dijo que ella prefería que la atropellaran a ella que a su perro. Lo decía en serio.

Volvemos a llevar a extremos absurdos (el animal por encima de los humanos) algo que es loable: el amor por los animales. 

Cercanos a los animalistas encontramos a los veganos (un subgénero centrado en la comida) que nos acusan de asesinos por comer carne o cualquier cosa que salga de un animal, insinuando incluso que la leche de vaca que tomamos se la estamos robando a un desvalido ternerito.

Uno fantasea con la escena del ternero desnutrido, pobrecito él, mirándome instantes antes de expirar mientras me zampo un vaso de leche directamente sacado de la ubre de su madre. Al acabar el delicioso manjar lo miro cruelmente, suelto un Ahhhh de satisfacción y me limpio los bigotes blancos sin dejar de retarlo con mi mejor pose, asesina y cruel. Ni el Joker.


Evidentemente habría que regular que no tengan a los animales (me viene a la cabeza los cerdos) en jaulas de medio metro, enjaulados, sin poder moverse, con una vida solo dedicada a engordar para que nos los zampemos. Correcto.

Pero de ahí a considerarnos asesinos o roba leches... Que muchos animales se coman entre ellos no es relevante. Yo no me puedo comer un león, pero el león sí se puede comer una gacela. Enchufado.

A partir de ahí podríamos hablar horas y horas de diferentes grupos: los defensores del sangrado libre menstrual, los adictos a la libertad personal por encima de todo, los que están en contra de los deberes escolares planteando una huelga con la que están enviando el mensaje a nuestros hijos de que no vamos a una con la escuela o los defensores de las mujeres que no nos dejan ni invitarlas a una copa ni miccionar de pie en los lavabos (sí, eso es machismo para algunos)

Premisas hermosas (no matar animales, derecho de la mujer a vivir su sexualidad, libertad, que los niños puedan jugar con sus padres al llegar del cole, la igualdad entre géneros) llevadas a extremos ridículos. 

Esta es nuestra sociedad, la del blanco y negro, en la que los grises tienen tendencia a desaparecer. Paciencia. 

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